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Para un país que vive fundamentalmente del turismo, los problemas
ocasionados por el terrorismo islámico -que en Egipto comenzó
a actuar desde los años noventa, con asesinatos de turistas
incluidos-, afectaron duramente a la economía nacional, pero
también tuvieron fuertes repercusiones de orden psicológico
y social en una sociedad tradicionalmente abierta y acogedora.
En el año 2000 la situación
interna había mejorado de manera notable en relación
a los años precedentes, y el turismo en el país de
Misr, que es como llaman los egipcios a su tierra, comenzaba a recuperarse.
Viajé allí en agosto de ese año.
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