Me apunto a una excursión en autocar a Alejandría,
la ciudad que inventara Alejandro Magno como principal centro del
mundo helénico, aunque hoy apenas conserve de aquellos tiempos
el nombre y algunas ruinas dispersas engullidas por el crecimiento
de la urbe moderna.
En los siglos posteriores a su fundador, Alejandría
fue la ciudad más cosmopolita del Mediterráneo, y
durante el siglo XIX y primer tercio del XX tal vez la más
occidentalizada de las ciudades árabes. No obstante, la huella
europea ha quedado más visible en la literatura contemporánea
que en las calles alejandrinas.
La Alejandría del primer año del siglo
XXI es una ciudad bastante desfondada, aunque para los egipcios
de clase media siga siendo una prueba de distinción veranear
en ella. Así, no solo los hoteles y apartamentos están
llenos a rebosar en verano, sino que incluso la parte más
vieja y deteriorada de la ciudad se llena de egipcios llegados de
todo el país. Por todas partes se alquila a precios elevados
cualquier habitación o incluso cuartucho que permita pasar
unos días en la ciudad y disfrutar del mar y la playa, y
sobre todo, poder contarlo al regresar a la vida cotidiana en El
Cairo o cualquier otra ciudad.
Una vez visitadas las catacumbas, ejemplo de síntesis de
las dos culturas, la egipcia y la helenística, y del sincretismo
logrado entre las respectivas religiones en que se apoyaban, poco
más hay que ver en Alejandría. Las fortificaciones
de la costa, a tiro de piedra del lugar en medio del mar donde se
supone que estuvo el famoso Faro, parecen escrutar el horizonte
esperando un ataque de cualquier flota de las muchas que por aquí
navegaron. Algunas mezquitas medievales y otras todavía en
construcción tienen un cierto porte; singular resulta por
su blancura la dedicada al Murciano, un santón musulmán
medieval español que recaló en esta ciudad y dejó
huella en la memoria de los ajejandrinos.
Pero lo más impactante de Alejandría
es La Corniche, el paseo marítimo que durante kilómetros
ciñe y limita la franja de la playa y la separa de la ciudad.
Por La Corniche pasea Alejandría entera y parte del Egipto
actual, y allí se mezclan las chilabas y los shorts, los
rostros bronceados y los que se protegen de cualquier rayo solar.
Cruzada La Corniche en dirección al mar, la playa ofrece
el espectáculo asombroso de miles de egipcios tomando el
sol ....completamente vestidos. Sentados de cara al mar, en sillas
de tijera o directamente en la arena, hombres y mujeres charlan,
ríen, comen, juegan o simplemente pasan el tiempo sin desprenderse
de la mucha ropa que llevan encima. Solo algunos niños pequeños
corretean en bañador.
Un vistazo desde fuera al decadente
palacio del ex-rey Faruk, situado en unos jardines muy amenos y
bien cuidados, y de vuelta para El Cairo.