Cristóbal Colón murió
en 1506, en Valladolid, la nueva capital castellana, acompañado
por su familia y por algunos amigos íntimos, arruinado y
olvidado por todos.
Hay un fragmento de su testamento que da una luz cegadora sobre
cuanto se ha afirmado hasta aquí, especialmente sobre el
hecho de que antes de 1492 Colón ya había estado en
el continente americano. Dice Colón en él:
“El rey e la Reina, Nuestros Señores, cuando yo les
serví con las Indias, digo serví, que parece que yo
por la voluntad de Dios Nuestro Señor se las di, como cosa
que era mía, puédolo decir, porque importuné
a Sus Altezas por ellas, las cuales eran ignotas e ascondido el
camino a cuantos se fabló d’ellas”.
Es decir: Yo (Colón) se las di a los Reyes (esas tierras),
ERAN MÍAS, y hasta tuve que importunarles para que las tomaran,
y eran desconocidas y ESTABA OCULTO (¿o tal vez: FUE OCULTADO?)
EL CAMINO A CUANTOS SE LES HABLÓ DE ELLAS”.
O sea: Si yo, Colón, no hubiera querido, jamás habrían
descubierto esas tierras, porque no las conocían y yo sí,
y además me preocupé de no revelarles cómo
ir a cuantos les hablé de ellas (por tanto, yo, Colón,
sí sabía cómo ir...).