A los siete meses del regreso, Colón
organizó un segundo viaje. Esta vez llevaba consigo 17 naves
y 1.500 personas, hombres y mujeres, la casi totalidad de los cuales
eran judeoconversos. Llevaban animales domésticos y para
el trabajo, y útiles agricolas y de construcción.
En este viaje puso rumbo directo
hacia las islas visitadas en el primero, a fin de poner en marcha
su colonización. En cierta manera, se seguía la intención
que animaba el proyecto original aunque reducido ahora al poblamiento
de esos territorios insulares. Pero en la isla La Española
Colón encontró arrasado el fuerte de la Navidad (la
“ciudad” y “fortaleza” de las que con evidente
exageración hablaba en su carta a Santángel); los
indios habían exterminado a toda la guarnición. En
1495, el clamor contra Colón en la Corte era ya grande y
tuvo que regresar a España para defenderse, dejando a su
hermano Bartolomé como gobernador. Se le acusaba de charlatán
estafador y de ser un incapaz como gobernador, pues la colonia vivía
en la desorganización, el hambre y las enfermedades. Sin
embargo, una vez más Colón sale bastante bien librado;
quienes aún seguían apoyándole consiguen que
los reyes le exculpen y le confirmen otra vez en todos sus privilegios.Sin
duda Santángel debía seguir trabajando a su favor.
El tercer viaje tuvo lugar en 1498.
En ese año, por cierto, muere Luis de Santángel. Con
muchas dificultades, Colón logró equipar 6 carabelas
y enrolar a sus correspondientes tripulaciones. Navegó buscando
deliberadamente el rumbo suroeste, el que debía haber seguido
en la primera expedición. Así llegó a las costas
de Venezuela. Es decir, por fin Colón había llegado
al continente americano...solo que demasiado al norte; las corrientes
habían vuelto a desviarle de su ruta, aunque menos que en
la primera ocasión.
La costa venezolana no era obviamente
su Tierra Prometida buscada, y la zona costera en la que desembarcó
probablemente no se adecuaba a los planes colombinos originales.
De todas maneras Colón no podía perder mucho tiempo
en exploraciones, pues tenía prisa por llegar a la colonia
ya que en La Española las cosas estaban tan calientes que
había estallado una guerra civil entre los colonos. La consecuencia
de este caos fue que en 1500 llegó un nuevo gobernador enviado
desde España, y que Colón y su hermano Bartolomé
fueron repatriados encadenados y con los grilletes puestos. El partido
castellano antisemita había triunfado plenamente, ayudado
por la incompetencia de los Colón como políticos y
administradores. Finalmente los reyes le salvaron la cabeza, pero
Colón perdió todos sus cargos como virrey y gobernador
de las Indias, conservando solo el título de almirante.
En 1502 Colón realizó
un cuarto y último viaje, que esta vez le llevó a
tocar tierra en Centroamérica. Es obvio que seguía
dando palos de ciego sin conseguir dar con la ruta del sudoeste,
aquella que desde Canarias lleva en diagonal perfecta a Brasil y
que seguramente había navegado por su cuenta décadas
atrás... Sus cartas de navegación y su experiencia
eran buenas, pero la fuerza de las corrientes marinas y la fragilidad
de los barcos jugaban ahora en contra suya. Aunque quizá
en esa época Colón ya apetecía solo lo poco
conseguido después de tantos años de fracasos y derrotas,
y tal vez había renunciado al viejo sueño, conformándose
con la colonización de las islas caribeñas y de la
costa continental cercana.
En 1504 murió Isabel de Castilla,
y con el fallecimiento de la reina se acabaron los viajes para Colón.
Durante los años siguientes el almirante luchó intensamente
para que los títulos perdidos fueran a parar a su hijo Diego,
lo que no consiguió. El viudo Fernando el Católico
se estableció de nuevo en Zaragoza, lejos de la Corte castellana,
y la unión dinástica entre Castilla y Aragón
quedó prácticamente rota. Catalanes y aragoneses volvieron
a tomar distancias respecto a un proyecto español hegemonizado
por los castellanos; pero Colón ya había elegido campo
hacía muchos años, y se quedó en Castilla.